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Expediente de Gabriel Kielstorm

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Expediente de Gabriel Kielstorm

Mensaje  Gabriel Kielstorm el Jue Mayo 12, 2011 3:42 am

Cuando decidiste entrar, te encontraste con una persona, la cual llevaba una exótica sonrisa en el rostro, pero tú no podías verla, ya que su rostro era totalmente cubierto por una especie de paño negro.

- Hola...

-Saludos, ¿En qué puedo ayudarte? -pregunto con un tono de lo más educado, haciendo incluso una leve reverencia-

- ¿Qué haces aquí?

-Oh, vengo en busca de alguien...no me recuerda, pero se llevará una gran sorpresa. ¿Sabes dónde podría encontrarlo? -arquea una ceja y su gesto se torna inquisitivo-. Espera un momento...

- Ah... Ya veo. ¿Cómo te llamas, plebeyo? Dímelo completo.

-Me has interrumpido. No importa -niega con la cabeza-. Me llamo Gabriel Kielstorm. Y no soy un plebeyo, deberías fijarte bien como manejas tus palabras. Puede que te encuentres con alguien menos benévolo que yo.

- Interesante nombre. ¿Cuántos años tienes? Por lo que veo no son demasiados. -Rió, mirándote desafiante-

-Más de lo que parece a simple vista. Físicamente, aparento arriba de 20, digamos que unos 23 o 24 años -se mira a sí mismo en un espejo, asintiendo-. En realidad pasan de 400 años...lo que en realidad es poco para alguien de mi tipo. Ustedes, los mortales...viven muy poco, apenas un suspiro, por eso no me sorprendería si te pareciera que yo he vivido demasiado.

- ... Entonces pertenecerás al grupo D ¿Qué hacías antes de entrar a este lugar? ¿A qué te dedicabas? - susurró, dándote la espalda-

-¿A qué se puede dedicar un ser celestial? A observar. No hay tiempo en el cielo...no nos regimos por esas extrañas leyes que ustedes, los mortales, han instaurado en sus modos de vida. Durante mucho tiempo he contemplado a una persona especial...será mío, eventualmente. Pero no puedes imaginarte la frustración que me ha causado saber que ha pasado tantos amaneceres y puestas de sol lejos de mi alcance...donde cualquier otro podría arrebatarmelo. Ni hablar. Es por eso que he decidido tomar cartas en el asunto...He abandonado mi puesto en el cielo y he descendido a su mundo, solo para buscarlo. Mis superiores encontrarán un reemplazo para mí, por lo que no tendré problemas con dejar atrás mi vida anterior.

- ¿Eres algo en especial, escoria? O tal vez tu aspecto frágil solo sea algo que ven mis ojos.

-Me subestimas. Si acaso ves fragilidad en mí, debe ser porque necesitas unas gafas nuevas o porque simplemente no has conocido a muchos ángeles. Porque eso es lo que soy. Y no uno que se entregue con fácilidad, ¿Crees que me convencerás con palabras dulces y una caja de chocolates? Para nada. Soy yo el que lleva el control de las cosas.

- Cuéntame sobre tí.

-¿No te basta con verme? Vale, pues. Te contaré un poco de mí, ya que insistes.
Como puedes ver, tengo una estatura alta...y una larga cabellera blanca, la cual conservo en el mismo estado que ha tenido durante siglos. El color de mis ojos es verde esmeralda, aunque pueden cambiar de tonalidad dependiendo de mi estado de animo. Tengo tez clara, casi rozando en lo palido...aún así, la luz del sol no me hace daño, irónico que fuera así, pues he tenido que pasar la mayor parte de mi existencia por encima de las nubes.
Tengo un buen físico, ¿Acaso lo vas a negar? Más te vale que no. No soy excesivamente músculoso, si bien tengo un torso bien moldeado y el resto de mi cuerpo posee la belleza que un ser de mi tipo debería tener...al igual que los elfos mitológicos, los ángeles estamos rodeados de un aura brillante la mayor parte del tiempo, lo cual permite distinguir nuestra silueta en la oscuridad.
Me gusta vestir ropa que me quede grande: túnicas y atuendos de color blanco, que vendrían siendo una especie de "uniforme". Las he usado desde el principio de los tiempos, no tengo la menor intención de reemplazarlas. Yo no me dejo llevar por "modas".
Tengo un temperamento complicado...si bien trato de ser bueno la mayor parte del tiempo, peco de impaciencia. Estoy algo desquiciado también, ¿Cuál es el sentido en ocultarlo? Mi paciencia se cae más rapido que las bolsas de intereses, así que de Gregory dpeenderá mantenerme entretenido...y lo hará, estoy seguro. Necesito a alguien que pueda satisfacer mis deseos y necesidades más propias del infierno que del paraíso del que vengo.


- ¿Pasado?

-Ya te he hablado un poco de ello. Sin embargo, estoy de buen humor, así que no me molesta ponerme a relatar mi historia.
Aún cuando no nos pueden ver...los ángeles estamos entre los seres de la tierra, algunos de nosotros han de cuidar a la gente, otros se encargan de velar por el sueño de los niños, mientras que existen aquellos que simplemente toman nota de las almas que van por mal camino.
A mi me tocó desde muy chico (ni siquiera tenía 100 años de edad) ser el ángel guardián de Gregory Samsa. ¡Lo llegué a conocer todo de él! Que no era poco, te seré sincero. En varias ocasiones lo salvé de meterse en problemas...actuaba como aquella vocecilla interna que nos advierte cuando estamos a punto de hacer una tontería, ¿Cómo le llaman ustedes? ¿Conciencia?
Poco a poco, él fue creciendo frente a mis ojos. Pronto yo ya no iba a ser necesario...temía que ese día llegara, pues me había encariñado con el joven Gregory.
Decidí que me él me pertenecería...así que un día me presenté ante él, ataviado con mis ropajes más exquisitos y mi apariencia más elegante, sobra mencionar que casi lo mato del susto...¡Tan mala fue mi primera presentación! Pensó que alucinaba y no quiso verme, escapó de mí.
Los intentos que siguieron después tampoco fueron exitosos...todo intento por acercarme a él se veía truncado de una u otra forma. Mi paciencia se estaba terminando, así que fui directo: Le invité a venir conmigo, que pasara un día a mi lado y me conociera mejor...pese a que llevaba toda su vida siguiendolo a todas partes. Se negó...y yo perdí la cabeza, terminé maldiciendolo, era el único modo de asegurarme de que nadie más me lo robaría.
Le dí de mi sangre y lo convertí en mi esclavo. En mi pertenencia. Mi tesoro.
Todo parecía ir bien...hasta que el diablo metió las narices en el asunto...¡Como siempre!
Le entregó a Gregory parte de su sangre, liberándolo de su lazo conmigo. Y en el proceso...le hizo daño. Mi sangre, lógicamente...no combina muy bien con la del príncipe de las tinieblas, por lo que todo pasó a ser una pesadilla para mi pobre Gregory. Una verdadera maldición que le hizo mutar...y posiblemente cambió su vida para siempre. Quise impedir que eso sucediera...hice todo lo que estuvo a mi alcance, sin el menor resultado.
Mi creador (y el de ustedes) me llamó la atención...no le agradó nada que hubiera maldecido al joven, así como mi incapacidad para protegerlo de las garras de Lucifer, el maldito ángel caído. No obstante, al darse cuenta de que mis intenciones eran impulsadas por un sentimiento más fuerte...me entendió, supo que no iba a servir para alguien más...y que mi lugar estaba junto a Gregory. Fue así como inició esta aventura...en busca de mi viejo protegido y objeto de deseo.


- ¿Llevas algún arma?

-Sí. Una espada, lo bastante afilada como para dejar claro que no estoy indefenso -una enorme sonrisa se dibujó en su rostro, a la vez que acariciaba el mango de su larga espada-. Tiene un nombre, ¿Sabes? Le he puesto "Morgoth". Está forjada con el mejor acero que es posible encontrar...pero he solicitado explicitamente que no me dieran un arma que pudiera rivalizar con la de un dios, eso habría sido una gran blasfemia para mí. Si los caballeros cruzados lucharon con armas normales, sin ayuda de magia o de equipo especial, yo también puedo hacerlo.

- ¿En qué te consideras bueno, y en qué malo?

-Soy muy bueno en el manejo de la espada, ¡No es algo sencillo de dominar! Requiere de mucha paciencia...y sobre todo, de concentración.
Otra cosa que se me da bien es el canto, posiblemente porque los seres celestiales hemos sido dotados de una voz que puede ser tanto severa como melodiosa al mismo tiempo, nunca resulta desagradable al oído de cualquier criatura. No es algo que suela hacer con frecuencia.
Soy muy malo para contener mi temperamento...si me haces enojar, no me pondré a contar hasta diez ni buscaré como enfriarme para no darte una buena paliza.
Solo si te la has ganado, claro está.
Tengo facilidad en identificar los sentimientos de las personas, así que no es conveniente que intentes mentirme. Las mentiras se huelen a kilometros de distancia...y son altamente predecibles, de manera que no vale la pena que pierdas el tiempo tratando de engañarme.
No soy nada bueno para cocinar, así que ya has de imaginar que a la hora de comer no la paso muy bien...Prefiero que alguien lo haga por mí, no es por ser holgazán, más bien es para prevenir dolores de estómago o incluso envenenamiento. Pese a eso, no estoy particularmente inspirado en aprender.


- Dame alguna foto tuya.

-
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- ¿Te quedó algo para decir?

-Realmente no. Solo que no es aconsejable que intentes tocar una de mis plumas...sé que puede parecer que no siento cuando me arrancan una...¡Pero sí que soy perfectamente consciente de cuando me falta una! Soy un perfeccionista irremediable, si las cosas no salen como quiero, entonces la cosa es simple...sigo intentando hasta que me resulte. Soy muy necio y no abandonaré mis objetivos a menos que encuentre algo mejor o las cosas se compliquen más de lo necesario.
La lectura me apasiona...dentro de sus respectivos límites, no leo cualquier cosa. Y para ser del todo francos, aquí entre tú y yo...no hay nada como hacer un buen uso del cuerpo de alguien que no sea yo~


- Ah, eso es todo. Nos veremos por allí ~ ten cuidado quien te mira y quien te mece, quien te ama y quien te quiere, que son los más peligrosos. -Rió de manera nasal y exagerada, para después desaparecer por la oscuridad de la Mansión. -


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Re: Expediente de Gabriel Kielstorm

Mensaje  Ackley Gyucles el Sáb Mayo 14, 2011 6:38 pm

Expediente aceptado.

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~ Si en verdad me amas toca mi cuerpo y obsesiónate. Sueño con locura tenerte entre mis blancas sábanas ~
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